Guía · junio de 2026
Cuántas veces por semana deberían comer legumbres los niños
La legumbre es probablemente el alimento con más distancia entre lo que se recomienda y lo que realmente se come. Y en el comedor escolar esa distancia es especialmente grande.
Cuántas veces
Las recomendaciones para la alimentación infantil en Cataluña sitúan la legumbre en varias veces por semana, e insisten en un matiz que suele pasarse por alto: también como segundo plato, no solo como primero en forma de sopa o guiso con patata.
Ese matiz es lo que separa un menú correcto de uno que solo lo parece. Un plato de lentejas con patata y zanahoria es un primer plato; si el segundo es carne, la proteína vegetal no ha sustituido nada. La Agencia de Salud Pública de Barcelona constató que dos de cada tres comedores auditados no ofrecían ningún segundo de proteína vegetal durante la semana.
Por qué cuesta tanto
- Costumbre. La legumbre tiene fama de plato de invierno, pesado y de abuelos.
- Preparación. Hacerla bien exige tiempo de remojo y de cocción, y las cocinas con prisa tiran de conserva o la evitan.
- Textura. Mal cocida, la legumbre queda áspera y los niños la rechazan con razón.
- Falta de repertorio. Si siempre es el mismo guiso, aburre enseguida.
Cómo hacer que se la coman
- Cambiar el formato. Hummus, albóndigas de garbanzo, hamburguesa de lenteja, faláfel, paté de alubia. La misma legumbre en una forma que reconocen.
- Fría en verano. Una ensalada de garbanzos con tomate y pepino no se parece en nada a un guiso, y es el mismo alimento.
- Cocción generosa. Una legumbre bien cocida es cremosa. Una legumbre justa es granulosa y cuesta de comer.
- Combinarla con cereal. Lentejas con arroz, garbanzos con cuscús. Se digiere mejor y el plato gana.
- No esconderla. Triturarlo todo funciona un día; reconocer el garbanzo es lo que hace que dentro de diez años se lo cocinen solos.
¿Y los gases?
Es la pega que siempre sale. Ayuda remojarlas suficientes horas, cambiar el agua del remojo, cocerlas con una hoja de laurel o un poco de comino, y sobre todo comerlas con regularidad: la tolerancia mejora con el hábito. Quien come legumbre una vez cada tres meses lo nota mucho más que quien come dos veces por semana.
Qué podéis mirar en el menú de vuestro hijo
Coged la hoja del mes y contad dos cosas: cuántas veces aparece legumbre en total, y cuántas aparece como segundo plato. Si la segunda cifra es cero, ya tenéis una pregunta concreta para la comisión de comedor.
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